Mockups de UX/UI en 3D en una laptop y un teléfono
Capturas de página completa que se desplazan dentro de una laptop 3D, pantallas de app que se tocan en un teléfono 3D, hotspots que llevan afuera.
Escanea el fanzine a 300 DPI, reordena las páginas del pliego y publícalo como flipbook 3D que conserva la textura de la fotocopiadora.
Por Franco Cirulli
Fotocopiaste una tirada corta, la doblaste y la engrapaste en la mesa de la cocina, y casi todo se fue en una feria. El resto está en una caja debajo del escritorio. Alguien que no llegó a la mesa pregunta dónde leerlo, y hoy la respuesta honesta es una carpeta de escaneos que nadie va a abrir.
La tentación es rehacer las páginas limpias para pantalla. Rehacerlas es justo lo que lo arruina. Las manchas del tóner, la línea torcida de las grapas, la sombra de la cinta y la letra a mano son la razón por la que alguien levantó esto en vez de abrir un blog, y una pasada de escáner plano a 300 DPI es la única captura que las conserva.
Con un mini fanzine plegado en cuartos, donde los originales miden pocos centímetros, escanea a más resolución de la que crees necesaria. Comprimir después se puede. Volver a escanear una copia que regalaste, no.
Un fanzine se arma doblando, así que el pliego que apoyas en el vidrio no es el orden de lectura. Una hoja A4 doblada una vez se escanea como páginas 4, 1, 2, 3 en orden de imprenta, y exportarla así publica una edición sin sentido. Reordena los escaneos en orden de lectura antes de exportar, exporta páginas sueltas, una por archivo, y deja que el visor las empareje en dobles páginas.
De ocho a veinticuatro páginas es el largo habitual y entra cómodo en un flipbook. Uno de ocho también funciona, escaneado a más resolución, porque cada página ya es pequeña de entrada.
Subes el PDF y cada página sale como su propia hoja. Se pasa con el dedo, la hoja se curva al girar, y las de ambos lados ya están cargadas: el giro nunca se traba bajo el pulgar. Se abre en el navegador sin instalar nada, así que quien toca tu enlace en una feria está leyendo antes de guardar el teléfono. La página de primeros pasos cubre la subida.
No es un archivo para imprimir, eso sí. El botón de descarga está apagado salvo que lo enciendas, así que nadie se lleva una copia imprimible y la tirada en papel sigue valiendo la pena. El plan gratuito lleva la marca de agua y da 3 proyectos y 50 MB, así que los escaneos suben comprimidos, no al tamaño del escáner. Pro cuesta 3 dólares por mes y saca el branding.
Vender el papel y regalar el archivo es el reparto en el que termina casi todo el mundo. El objeto es el producto y el enlace es la promoción. Paga lo que quieras con mínimo cero, cobrado a través de Ko-fi, Gumroad o Itch, encaja en una comunidad donde que te vean cobrando de más hace un daño real, y quien no puede pagar nunca iba a comprar una copia.
Imprime un código QR en la contratapa para que un lector pase el número sin regalar su ejemplar. Deja el enlace en las listas de distros, que cada vez lo piden más. Y deja cada número en una URL permanente: los catálogos viejos de fanzines se leen años después de agotada la tirada, y compartir e insertar usa el mismo enlace en los dos casos.
El gramaje, las grapas y el hecho de que alguien te lo puso en la mano no sobreviven a una URL, y fingir lo contrario es una tontería. El enlace te da alcance y permanencia, sobre los mismos escaneos, con el mismo grano, para quien nunca iba a estar ahí.
Convierte tu fanzine en un flipbook.
Escanéalo en lugar de rediseñarlo. Un escaneo plano a 300 DPI conserva el grano de la fotocopiadora, la letra a mano y los bordes desparejos que lo hacen un fanzine. Rehacer las páginas limpias en software de diseño borra justo la razón por la que alguien lo quería.
Reordena los escaneos en orden de lectura antes de exportar, porque un pliego doblado sale del escáner desordenado. Una hoja A4 doblada una vez da las páginas 4, 1, 2, 3 en orden de imprenta. Exporta páginas sueltas y deja que el visor las empareje en dobles páginas.
La mayoría hace las dos cosas. Vende el objeto físico y regala la edición digital, o pon un paga lo que quieras digital junto a una tirada corta. Un código QR en la contratapa impresa deja que un lector pase el número sin regalar su ejemplar.
300 DPI como mínimo, y más para mini fanzines plegados en cuartos, donde las páginas originales miden unos pocos centímetros. Comprimir se puede después. Recuperar una textura que nunca capturaste, no.
Paga lo que quieras con mínimo cero, cobrado por Ko-fi, Gumroad o Itch. Es como se comporta el lector de fanzines y es lo que la comunidad espera, algo que aquí pesa más que en casi cualquier otro formato.
De ocho a veinticuatro es lo habitual y se lee bien como flipbook. Los mini fanzines de ocho páginas chicas también funcionan, siempre que los escanees a más resolución.
Capturas de página completa que se desplazan dentro de una laptop 3D, pantallas de app que se tocan en un teléfono 3D, hotspots que llevan afuera.
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