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Caso de uso3 min de lectura

Folleto inmobiliario que el comprador vuelve a abrir

Ordena las páginas como decide el comprador, ancla el video tour a la habitación que le toca y cambia el precio sin cambiar el link.

Por Franco Cirulli

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Un comprador abre el folleto tres veces. Una en la visita, otra esa noche en el teléfono y otra mientras discute con su pareja por el segundo dormitorio. El archivo que mandaste se ve igual al de cualquier otro agente y abre en una vista previa que deja el plano hecho una mancha.

El folleto que funciona no es el más vistoso: es el que está ordenado como decide el comprador.

Demo en vivo

El comprador decide con la fachada y el plano, después busca razones

Nadie lee un folleto de principio a fin. El sí o el no salen de la tapa y la distribución, y lo demás es el comprador buscando permiso. Ordena las páginas para esa lectura.

  • Tapa: una foto del exterior, la dirección, el precio y nada más en la página.
  • El plano va segundo: el comprador se ubica antes de mirar ambientes, y uno que cuesta encontrar se lee como algo que escondes.
  • Ambientes en orden de recorrido: la secuencia en que alguien caminaría la propiedad es la que repasa de memoria esa noche.
  • Exterior, estacionamiento y depósito: casi nunca se fotografían bien y muchas veces son lo que define.
  • Ubicación con nombres propios: líneas de transporte, escuelas y qué queda a cuántos minutos caminando, no adjetivos.
  • Régimen de propiedad, gastos comunes y certificado energético al final: el comprador serio baja a buscarlos y al resto no le interesan tan arriba.

El orden del archivo es el orden del libro: lo que subas es la secuencia que el comprador va a pasar, así que ordénalo antes de subirlo.

Quince fotos rinden más que veinticinco

Veinticinco fotos de una vivienda de dos dormitorios le dicen al comprador que ninguna es buena. El rango es de ocho a quince: cada ambiente una vez, el mejor dos, y nada que achique el espacio.

El resto es disciplina de disparo. Cámara a la altura del pecho, porque a la altura de los ojos el techo se viene encima. Apunta a la esquina del ambiente y no a una pared plana: eso hace que el espacio se lea en tres dimensiones. Luces encendidas aunque haya sol, y despeja la cocina y los estantes del baño antes de la primera foto. Una foto honesta de un ambiente incómodo vale más que tres intentos de ángulo, porque se nota que estás disimulando.

Un hotspot pone el video tour en la página que le corresponde

Al link del tour que va al final del correo no le hace clic nadie. Un hotspot es un marcador que dejas en un punto de la página: uno sobre una habitación del plano salta a la foto de esa habitación, uno en la tapa abre el video tour en su propia URL.

Un swipe pasa la página, la hoja se curva al levantarse en vez de deslizarse plana, y las dos hojas de al lado ya están cargadas: el que hojea en el teléfono a las diez de la noche nunca espera una página en blanco. El tour deja de ser un segundo destino. Queda en la página donde al comprador ya le apareció la pregunta.

Cambiar el precio es la edición más común de un folleto y la más incómoda, porque la tirada impresa ya está en la vitrina. Reemplazas el archivo y la URL queda igual: el código QR del cartel, la ficha del portal y el correo de la semana pasada muestran el número nuevo. En un plan pago, las analíticas por página te dicen qué doble página lo retuvo: es la diferencia entre llamar a preguntar qué le pareció y llamar a hablar del jardín.

Los límites, sin vueltas. El plan gratuito lleva la marca de agua de i3Dify, permite 3 proyectos y 50 MB, techo que un folleto con muchas fotos alcanza. Pro cuesta 3 dólares por mes y saca el branding.

El folleto que ya hiciste te gana la próxima captación

Las captaciones se ganan por el marketing que el propietario percibe. En la tasación abres en tu teléfono el folleto de una propiedad parecida y le dejas el link antes de irte. Describir un PDF no compite con algo a lo que se le pasan las páginas.

El folleto impreso resuelve la visita. El link resuelve la noche siguiente, que es cuando se decide de verdad, y te dice en qué página se quedaron antes de que levantes el teléfono.

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Preguntas frecuentes

¿Cuántas fotos tiene que tener un folleto de propiedad?

De ocho a quince. Cada ambiente una vez y el mejor dos. Un número alto de fotos se lee como relleno y sugiere que ninguna imagen aguanta una página sola.

¿Dónde va el plano?

Segundo, justo después de la tapa. El comprador se ubica antes de mirar los ambientes uno por uno, y un plano que cuesta encontrar lo deja desconfiando de la distribución.

¿Puedo incluir el video tour?

Sí. Ponlo como hotspot en la página que le corresponde, que consigue muchas más visitas que un link colgado al final de un correo.

¿Puedo cambiar el precio después de mandar el folleto?

Sí. Reemplazas el archivo y el folleto se actualiza en la misma URL, así que cada link, cada código QR y cada ficha del portal muestran el precio nuevo.

¿Cómo sé si un comprador lo miró?

El contador de visitas viene con todos los planes. Un plan pago suma el tiempo de lectura y qué páginas retuvieron la atención, que es buen contexto antes de una llamada de seguimiento.

¿Conviene seguir imprimiendo folletos?

Para las visitas, casi siempre sí, con el código QR encima. El impreso resuelve la cita y el link resuelve la noche siguiente.

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