Portafolio 3D: una pared en vez de miniaturas
En una cuadrícula de miniaturas el visitante barre con la vista y no se detiene en nada; una pared 3D lo obliga a mirar una pieza a la vez.
Arma una galería NFT en 3D: tu colección digital en una sala con focos, una obra a la vez, que cualquiera abre desde un enlace sin saber de cripto.
Por Franco Cirulli
Tienes las piezas y no hay dónde mirarlas bien. Una wallet, la billetera donde guardas tus tokens, muestra una cuadrícula de miniaturas todas del mismo tamaño. La obra por la que ahorraste meses queda al lado de un token que te regalaron sin que lo pidieras.
El visor de galería de i3Dify hace lo contrario: una sala con paredes, focos y una obra a la vez frente a ti.
La cuadrícula es un formato contable. Se inventó para mostrar saldos, y cada decisión de diseño juega en contra de una colección.
Una galería es una URL con cuadros en una sala. Se la mandas a alguien que nunca tuvo un token y simplemente mira.
La sala tiene una restricción que la cuadrícula no tiene: alguien tiene que recorrer la pared entera. De doce a treinta imágenes es lo que entra antes de que el recorrido se convierta otra vez en scroll. Elige un eje, una serie, una técnica, un año, y saca todo lo que entró a la lista solo porque es tuyo. El resto lo lleva la secuencia: pon la pieza más fuerte tercera o cuarta, cuando el visitante ya aprendió la sala y está mirando de verdad.
El plan gratuito incluye 3 proyectos y 50 MB de almacenamiento, y toda galería gratuita lleva la marca de agua de i3Dify. Pro cuesta 3 dólares al mes, da 10 GB y quita la marca de agua.
La galería muestra imágenes. No verifica que sean tuyas, y nadie tendría que creerte de palabra. Cada obra acepta un hotspot, un marcador clavado en la pieza que abre un enlace o un panel de texto, así que artista, año, edición y el registro del token quedan a un clic del marco. A quien le importa, va y revisa la cadena. El resto lee el título en la pared y sigue caminando.
La galería es la presentación y la cadena sigue siendo el registro. Mantener esas dos cosas separadas es casi toda la credibilidad de la página.
Comprar un NFT y comprar el copyright de la obra son dos transacciones, y en la mayoría de las colecciones la segunda nunca ocurrió. Algunas conceden derechos de exhibición o de uso comercial en sus términos. Muchas no conceden nada. Antes de publicar una pared con obra que compraste, lee qué adquiriste: mirarla en privado es una cosa, una galería pública es otra, y vender copias impresas es una tercera. Nada de esto se aplica a la obra que hiciste tú.
Un perfil de marketplace está hecho para vender y se le nota. Una galería con tu propia obra no, así que agrupa por serie y no por fecha de acuñación, y cuelga piezas que todavía no son NFT al lado de las que sí. Lo que el coleccionista está leyendo es la práctica, no el libro mayor. Cada pieza acepta un hotspot que enlaza a donde se puede comprar, sin que eso se vuelva el tema de la página.
La pared cuelga imágenes fijas, así que lo animado y lo generativo necesitan un fotograma capturado. Elígelo a propósito en lugar de quedarte con el que dio la exportación, y clava un hotspot que lleve a la pieza viva. En una serie generativa, seis resultados del mismo algoritmo dicen más que cualquiera por separado.
Una colección que nadie puede abrir es una hoja de cálculo. Veinte piezas en una pared, con título y con el enlace al token a un clic, es algo que le mandas a alguien a quien la cripto no le interesa y aun así recorre la sala entera.
Los dos son pantallas de inventario: miniaturas del mismo tamaño, sin secuencia, con el precio al lado de la obra y con alguien que tiene que entender de cadenas antes de poder mirar. Una galería es una URL que abre cualquiera.
De doce a treinta, con algo en común. Una pared curada se lee como una colección. Todo lo que tienes se lee como un balance.
No. Muestra imágenes. Si la procedencia importa, pon el enlace al token en un hotspot sobre cada pieza para que cada uno lo verifique en la cadena.
Fíjate qué fue lo que adquiriste. Tener el token casi nunca implica el copyright, y los derechos de exhibición cambian según la colección. Mirarlos en privado suele estar bien. Una galería pública, y sobre todo vender copias impresas, es otra cosa.
Captura un fotograma elegido a propósito y clava un hotspot que lleve a la pieza viva. En una serie generativa, varios resultados del mismo algoritmo comunican la obra mejor que una sola imagen.
Más, incluso. Un perfil de marketplace está hecho para vender y se le nota. Una galería te deja presentar un cuerpo de obra como cuerpo de obra, incluidas las piezas que todavía no son NFT.
Sube un PDF o unas imágenes, elige un tipo de proyecto y comparte el enlace. Para probarlo alcanza con el plan gratuito.
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