Catálogo digital desde un PDF, con links a cada producto
El comprador mayorista pellizca la pantalla para agrandar el PDF y ninguna página enlaza a la ficha donde en verdad hace el pedido.
El QR de la mesa abre un menú diagramado para papel tabloide. Rehazlo como flipbook: se lee en el teléfono y el código QR sigue igual cuando cambias precios.
Por Franco Cirulli
Actualizado
Alguien se sienta, apunta la cámara al cartelito de la mesa y tu menú se abre como PDF. Está diagramado para papel tabloide, a dos columnas, con una tipografía decorativa en nueve puntos. En una pantalla de seis pulgadas eso es pellizcar, ampliar, perder el renglón y volver a pellizcar. Alguien en la mesa se rinde y pide el impreso, que igual mandaste a imprimir.
El archivo no es el problema. El desajuste entre un diseño pensado para papel y la pantalla de un teléfono, sí. i3Dify convierte un PDF en un flipbook que se comparte con un link, y un menú hecho así es el mismo contenido vuelto a dibujar para la pantalla en la que se abre. Se pasa con el gesto que la gente ya usa para revistas, no con el scroll que usa para documentos.
Un QR que abre un PDF le entrega al teléfono un documento de imprenta y le pide que se arregle. El visor detecta el teléfono, descarta la doble página y encuadra una sola que llena la pantalla y se pasa deslizando el dedo. Mantiene cargadas dos páginas de cada lado de la que se está leyendo, así el giro siguiente ya está ahí antes de que lo pidan.
Después marcas los platos. Pon un hotspot, un área que se toca, sobre el nombre de un plato y adjúntale una nota: se toca y se lee la descripción o los alérgenos sin salir de la página. Un hotspot también abre una URL, así que el plato de la semana apunta a la página de reservas. Pon tres a cinco, los que quieres que se pidan, no veinte. En el plan gratuito el visor siempre lleva una pequeña marca de agua de i3Dify en la esquina. Pro, a 3 dólares por mes, la quita.
Los menús impresos quedan viejos en el cambio de temporada. Alguien mueve ocho precios, toda la tirada vuelve a la imprenta, y las tarjetas viejas siguen en las mesas hasta que llega la caja nueva. El QR que descargas del panel de compartir es un PNG de hasta 1024 px que apunta a una sola dirección permanente. Subes el PDF corregido y el mismo código, en la misma tarjeta, muestra el menú nuevo esa misma noche.
Imprímelo de 2 cm de lado como mínimo y con margen blanco alrededor. Después escanéalo tú, sentado a una mesa de noche, con las luces como están en pleno servicio. Más pequeño que eso empieza a fallar con poca luz, que es justo cuando se usa. Ajusta la impresión una vez y el menú pasa a ser lo único que vuelves a cambiar.
Un menú en PDF detrás de un QR existe solo donde está la tarjeta. Un menú en una URL permanente entra en tu perfil de Google Business, en la bio de Instagram y en el mensaje que alguien le manda al amigo que está eligiendo dónde comer. Se puede abrir la mañana antes de la reserva y llegar sabiendo qué pedir. La dirección que imprimes es la misma que pegas, así que no hay nada que mantener sincronizado.
Un selector de idioma dentro del menú le pide que elija a alguien que ya escaneó y ya esperó. Arma un proyecto por idioma, pon en cada portada un hotspot que lleve al otro e imprime los dos códigos juntos, con una etiqueta debajo de cada uno. Así se elige antes de escanear. El plan gratuito da 3 proyectos y 50 MB, y un menú de ocho páginas pesa unos pocos MB: español, inglés y la carta de vinos entran sin pagar nada.
Un café de mostrador con cuatro productos, donde nadie escanea nada. Y la alta cocina, donde el menú es un objeto que se entrega en mano y un código en la mesa rompe el ambiente. En todo lo que está en medio, el cliente lee en el teléfono, esté el menú diseñado para eso o no.
Un menú hecho a tamaño de teléfono se lee más allá de las entradas, y el código de la mesa deja de ser algo que se reimprime. Cambias los precios y el QR queda. Empieza desde la plantilla de menú de restaurante en 3D o mira el menú digital paso a paso.
No. Apuntan la cámara del teléfono al código y el menú abre en el navegador. No hay nada que instalar.
No. El código guarda una URL estable. Reemplazas el PDF y el mismo código muestra el menú nuevo, y quien haya guardado el link también ve la actualización.
El visor no descarga el menú entero de entrada. Carga las portadas y las páginas de cada lado de la que se está leyendo, y va trayendo el resto a medida que se pasan, así la primera página está en pantalla antes de que llegue el archivo completo.
Pro incluye analíticas con tiempo de vista por página, así que ves qué sección se saltan y reordenas en función de eso. El plan gratuito no trae analíticas.
Sí. Cada local tiene su proyecto y su URL con sus propios precios. Pro permite proyectos ilimitados por 3 dólares por mes, así que la cantidad de locales no cambia la factura.
Ten unos pocos menús impresos a mano para el personal del salón. Esto reemplaza el PDF detrás del QR de la mesa, no el menú impreso que queda en la barra.
Tres proyectos y 50 MB: el menú principal, la carta de vinos y el brunch. Los menús gratuitos siempre llevan la marca de agua de i3Dify. Pro quita el límite de proyectos y la marca de agua.
Sube un PDF o unas imágenes, elige un tipo de proyecto y comparte el enlace. Para probarlo alcanza con el plan gratuito.
Crear flipbook